ALMA ROTA

ALONSO & WEBER VIOLENCIA

Es difícil atender el teléfono y recibir a los clientes al mismo tiempo.

Yo acababa de colgar cuando le abrí la puerta del despacho. Traía mala cara, me dijo que no había podido conciliar el sueño.

Soy abogada de víctimas de violencia de género. Conocía historias casi iguales. Pero cuando escuché su caso pensé que sería fácil demostrar que la denuncia de ella era falsa.

Aún no me explico por qué no perdí los estribos y lo mandé a paseo cuando me empezó a dar instrucciones. Pero me gustó su seguridad y lo claro que lo tenía todo. Era el prototipo de hombre que toda mujer querría tener a su lado.

Una vez ganado el caso, descubrí que no sólo me gustaba, sino que me había enamorado de él.

Nueve meses de dependencia y de relación enfermiza que tratábamos de curar con sexo. Hasta que una noche sobrepasó la barrera. Primero un insulto, luego un empujón, al final un puñetazo.

Ahora, desde la comisaría, con el ojo amoratado y el alma rota, escribo estas líneas para recordarme a mí misma que esta vez no habrá una segunda oportunidad.

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