EL SUEÑO

 

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Mary White era una de las mejores abogadas de Biloxi. Respetada y temida como era por sus rivales y compañeros de profesión no dejaba cabo suelto. Pero además en esta ocasión había preparado el juicio de manera especialmente concienzuda y tenía claro quién debía testificar. Su testigo estrella era la secretaria que había sorprendido a aquel político corrupto de peluca rubia metiendo la mano en la caja fuerte donde se guardaban los fondos públicos.

Parecía que ya estaba escuchando el fallo del Tribunal Federal: “Este Tribunal halla al acusado culpable de todos los cargos”.

Cuando de repente escuchó que el Juez Tandy se pronunciaba determinando la inadmisión de la testifical, el aparato de ultrasonido hizo dar un respingo a su bebé y María Blanco despertó.

Acariciándose el vientre susurró mientras sonreía: “Sí, hija mía. Tú sí vas a ser abogada.”

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