SU SEÑORÍA

De hoy no pasa. Hoy estoy dispuesto a cambiar de actitud. Son ya más de cien juicios y no he sido capaz de condenar a nadie. Soy el hazmerreír de la judicatura. Lo he tenido claro ya cuando he descolgado la toga de la percha. Hoy, sea cual sea el caso, dictaré una sentencia condenatoria. La motivación es lo de menos: Su pretensión no se ajusta a derecho. Ha redactado la querella con un modelo descargado de Internet. Además, no hay prueba de cargo. Y no puede uno presentarse tan moreno a juicio… Da igual que el acusado fuera o no sorprendido infraganti con un alijo de cincuenta kilos de hachís. Intento contener mi benevolencia a la hora de redactar el fallo, pero la mano escribe prácticamente sola: “Debo absolver y absuelvo…”.

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