INJUSTICIA

La previsión no era que se dictara sentencia esa misma semana. Sin embargo la honorable Jennifer McCarthy era conocida por su intuición y, pese a no tener ni una sola evidencia, tenía claro que aquel joven de color había violado y asesinado a sangre fría a Christine, esa chica tan popular en el pueblo. Lo mismo pensaba el jurado. Su veredicto fue contundente y logró un consenso inusual. Un doce a cero. El corredor de la muerte estaba esperando. El abogado que se hizo cargo de la defensa del muchacho solicitó una suspensión de la condena. Los nueve meses que duró aquella agonía no sirvieron para nada. Cuando el gobernador firmó el indulto ya era demasiado tarde. Dos años después de la ejecución, un crimen casi idéntico descubrió que su autor había sido también el asesino de Christine. Era un padre de familia, vendedor de seguros y blanco.