¿ABOGADO O CURA?

El recién estrenado calendario se encuentra sobre su escritorio de diseño Arkelstorp, justo al lado de la lámpara de trabajo Barometer. El último cliente que entró en el despacho fue un nigeriano que quería pedir asilo en España. Cuando le enseñó su minuta de honorarios le dijo que se lo pensaría. De eso hace ya tres semanas.

Parece que fue ayer cuando juró – o prometió, ya no lo recuerda- como abogado. Palmaditas en la espalda y las clásicos palabras de ánimo de su familia y amigos: “campeón, fenómeno…”.

Cuántas veces se ha arrepentido de abandonar las oposiciones a fiscal.

Cuántas veces recuerda lo que le decía su padre, leguleyo de los antiguos: “la abogacía es un sacerdocio”. Nunca entendió demasiado aquella frase. Hasta ahora. Porque si no vuelve el nigeriano, se empezará a plantear entrar en el seminario en breve.

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