DE LOS RECORTES Y LOS AJUSTES

ALONSO & WEBER NO A LOS RECORTES EN JUSTICIA

El que, cuando le preguntas qué tal le va, dice que muy bien, miente como un bellaco. Fueron las palabras que el otro día, al encontrarnos en un acto solemne en la Sede del Colegio de Abogados, me dijo un buen amigo y compañero de profesión, a propósito de la tan traída y llevada crisis.

Y es verdad. A los recortes en la enseñanza siguieron los de la sanidad, y a aquellos se unieron los de la justicia. Aún a riesgo de pecar de políticamente incorrecto, soy de los que opinan que, en una situación como la que atraviesa nuestra economía, los recortes –o llamémoslos mejor ajustes, pues vienen a corregir ciertas disfuncionalidades en los servicios públicos- no son necesarios sino absolutamente imprescindibles. Sin embargo, los mencionados ajustes vienen a afectar a –como diría un pedante- los tres pilares de nuestro sistema social.

En una entrevista que le hicieron hace poco al economista Leopoldo Abadía, declaraba que no hay en esencia grandes diferencias entre la economía de un país y una economía familiar, no puede uno gastarse más de lo que tiene, decía.

Aunque no puedo estar más de acuerdo con el señor Abadía, existen ciertas diferencias significativas. Para empezar, no hay economía familiar que apoye su funcionamiento en partidas a fondo perdido, esto es, que no se traduzcan en la obtención de algún producto o servicio, mientras que en la economía de una nación, existe una serie de servicios básicos prestados por el sector público. Por otro lado, si utilizamos esta comparación en la vertiente de estos ajustes o recortes que todos estamos sufriendo, se puede plantear que una familia, ante una situación de falta de ingresos, prescinda de ir al cine, salir a cenar o irse de vacaciones, pero en ningún caso de escolarizar a sus hijos, ir al supermercado o hacer uso de los recursos energéticos, si bien este apartado va camino de convertirse en un auténtico lujo.

Nuestros gobernantes, a la manera de un padre de familia irresponsable, han cercenado lo más básico de nuestro sistema. El derecho al trabajo, reconocido constitucionalmente, fue el primer derecho vulnerado: además de en fútbol somos los campeones del mundo en desempleo. El derecho a la educación, recogido en el artículo 27 de la Constitución, junto con la libertad de enseñanza,  corre serio peligro ante las dificultades de los docentes por hacer su trabajo en las condiciones adecuadas. El derecho a la protección de la salud, contemplado en el artículo 34 de nuestro Texto Constitucional, se encuentra en el trasfondo de las protestas de facultativos y personal hospitalario en todas y cada una de las Comunidades Autónomas. Y finalmente se ha visto seriamente perjudicada por la archiconocida Ley de Tasas, el derecho de los ciudadanos a obtener de jueces y tribunales la tutela judicial efectiva.

Cuando un ciudadano no puede siquiera reclamar judicialmente lo que se le adeuda, precisamente porque no tiene liquidez para abonar unas tasas que lo que en puridad hacen es plantear una presunción iuris tantum de que todo justiciable tiene suficiente capacidad económica para litigar; cuando el Titular de la Cartera de Justicia, sin otro fin que compensar lo delirante de la Ley de Tasas, anuncia una reforma de la Ley de Asistencia Jurídica Gratuita en la que pretende ampliar el beneficio a maltratadas, discapacitados y victimas del terrorismo, aún cuando tengan recursos suficientes; cuando en nuestro país es cada vez más patente que la justicia no es igual para todos –lo que queda en evidencia cada vez que abrimos un periódico y nos asombramos ante el gusto de la justicia por el coqueteo con el poder, y no sólo político-; cuando pasan todas estas cosas,  no nos quedan más que dos opciones: o rezar para que lo próximo no sea aún más drástico y dañino, o movilizarse para al menos dejar claro que la ciudadanía no comparte que, mientras se mantiene el status quo de políticos, altos funcionarios y banqueros, sufran el resto de los ciudadanos que son –y no está de más recordarlo- también contribuyentes.

Y es que a estas alturas, y en plena vorágine de ajustes, motivados todos por la insuficiencia de ingresos en las arcas públicas, me atrevo a formular una pregunta en voz alta: pero entonces, ¿adónde van nuestros impuestos?  

 

                                       José María Alonso es abogado, miembo del Servicio de Orientación Jurídica del Ilustre Colegio de Abogados de Málaga.

2 pensamientos en “DE LOS RECORTES Y LOS AJUSTES

  1. Hola Jose Maria.Ole tus guevos¡,,, Me gusta tu pensamiento en voz alta.soy tu primo Jose A. Medico de Yunquera. A ver cuando nos vemos y salimos a dar un paseo por la sierra.

    • Muchas gracias José Antonio por tus ánimos y por seguir nuestro blog. Estaré encantado de dar ese paseo por la Sierra de las Nieves, que en tu compañía viene a ser lo mismo que una lección magistral de historia. Un fuerte abrazo.

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